Acabo de leer una de las historias más intensas y emocionantes que alguna vez leí. Hay mucha gente que le tiene cierto recelo a esta novela, y a decir verdad, esa es una de las cosas que más me animó a leerla. Se dice por ahí que ha "inspirado" a algunos asesinos, por ejemplo, Mark David Chapman, asesinó a Jhon Lennon en 1980, cuando la policía lo detuvo, él tenía el libro consigo, inclusive se dice que leyó pasajes de la novela en su juicio y que más adelante habría declarado que él era la encarnación de Holden Caulfield; cosa que me parece por demás una tontería, Caulfield, es un adolescente no violento, muy confundido, sí, como la mayoría lo estuvimos en la adolescencia, pero nunca violento.
Otro sujeto, John Hinckley Jr, conocido por intentar el asesinato de Ronad Regan en el 81, un hombre perturbado, un poco chiflado que perdió la cabeza por Jodie Foster, y que intentaba hacerse notar por ella, nada menos que intentando asesinar a un presidente. ¡Vaya loco! Se declaró también obsesionado con el libro.
Robert John Bardo, se dice que portaba el libro el día que fue a casa de Rebecca Schaeffer para asesinarla disparándole en el pecho.
Los sensacionalistas de aquel entonces logicamente se aprovecharon para poner la culpa sobre el libro. Lo cierto es que la historia es tan fascinante que le puede haber gustado a cualquiera que la haya leído y seguramente entre los declarados fanáticos de Salinger (Ahora me declaro como uno) habrá alguno que otro desadaptado, como los hay también entre aquellos lectores de la Biblia, sin que esto signifique que el Libro Sagrado del Cristianismo te impulse a matar si lo lees. Siempre habrá crítica en contra de lo que es realmente bueno, hubo un tiempo que se culpaba a los que oían Heavy Metal de ser influidos para alzar culto a Satan, déjenme decirles que en mi vida he conocido muchos metaleros y ninguno es violento, no dejen que la pinta ruda los engañe; hay tanto violador y asesino que escucha regetón y nadie dice nada, lo mismo con Calabozos y Dragones, decían que volvía locos a los que lo jugaban, que asesinaban gente y que se suicidaban alucinando que eran inmortales y que eran guerreros o magos, yo he jugado C&D y es una de las experiencias que más satisfacciones me ha traído, he conocido mucha gente interesante, y a un grupo de mis mejores amigos los tengo desde ahí. Un día de estos van a salir con que Tongo es satánico y que "sufre peruano" es una invitación a la violencia.
Perdonen, ya me salí del tema... Lo que quería graficar es que no hay razón para pensar que Salinger inspira el asesinato, no hay razón para pensar que Holden Caulfield (el adolesente protagonista de esta historia) es un modelo a seguir, es sólo un personaje, lleno de conflictos, es el mejor retrato de un adolesente que jamás haya yo visto.
Les recomiendo mucho esta lectura, no se van a arrepentir.
sábado 31 de enero de 2009
miércoles 23 de julio de 2008
( * ) La Despedida
Este es un cuento urbano que podría ocurrirle a cualquiera, no olviden colocar los cerrojos y "que la noche os sea propicia".

- Hola, Nico. Después de tiempo ¿Verdad?
- Perdone, señorita, creo que me confunde con alguien más.
- No, no lo creo, yo siempre recuerdo una cara, y otros detalles —dice la mujer con una sonrisa más que coqueta, el intervenido y desconcertado sujeto traga saliva y pone cara de pánico, la cual intenta disimular—.
- Aún creo que se equivoca, señorita. Yo no me acuerdo de usted, es más ni por asomo me parece familiar su rostro.
- Ay, Nico, por favor, no te molestes en disimular, veo que estás solo, o sea, no veo a nadie a tu lado, no tienes por qué fingir que no me conoces, a menos que tu esposa o novia ande por otro pasillo del supermercado.
- Mujer, por favor, baja la voz, no seas indiscreta —el tipo menea la cabeza y alza la mirada en un gesto de incredulidad— ¿Qué pasó con eso de máxima discreción?
- ¡Ajá!, sabía que eras tú, no podía estar equivocada, yo raras veces olvido a alguien, querido, y de ti me acuerdo especialmente.
- Te dije que bajaras la voz, por lo que más quieras, baja la voz.
- Ok baby, tranquilo.
- Ya, bueno, soy yo, Nico no es mi nombre pero sí, me acuerdo de ti. ¿Contenta? Ahora desaparece.
- No, no estoy contenta.
- Era una pregunta retórica. —Se da un palmazo en la frente y mira a su alrededor.
- Ay, Nico, o como te llames, qué graciosa fue esa noche, cuando se lo contamos a las demás chicas del B. no paramos de reír hasta el día siguiente. Eres toda una celebridad, ¡te cuento ah! Todas querían conocerte.
- Maldita noche, será para burlarse en mi cara, seguramente.
- No. ¿Cómo crees? —La ironía no podía ser disimulada, sobre todo en una lengua tan indiscreta—. Pero dime. ¿Llegaron a tomar la foto tus amigos? Por que si es así, y las quieren publicar en Internet tienes que pedirles que no se muestre mi cara, ah, ya sabes cómo son estas cosas, además creo que no es difícil con ese programa de la computadora, ¿cómo se llama? Fotoshó, creo. ¿No?
- Sí, eso, pero no te preocupes, no llegaron a tomar ninguna foto, estaban más ocupados en revolcarse de la risa. Malditos, ya me vengaré.
- Ay, por favor, no seas así, yo creo q sólo era una broma, querían tomarte la foto mientras tú y yo hacíamos cositas ricas —La mujer lanza una palmada fuerte en la espalda del ya demasiado avergonzado “Nico” a la vez que suelta una grosera carcajada—. Pero las cosas se dieron así pues, Nico.
- Ya cállate por Dios, todo el supermercado nos está mirando. —“Nico” hunde su cabeza entre sus hombros como si así pudiera ocultarse, se agacha y se da cuenta que lo poco que lleva en el carrito tampoco lo camufla.
- Siempre me acuerdo y siempre lo cuento a todos mis clientes. Ese depa era del que se iba a casar, ¿no? El pobre ni había comprado muebles, tengo que confesarte ahora que nunca lo había hecho en el suelo pelado, y por supuesto, nunca lo llegamos a hacer realmente, estabas sentado ahí en el suelo apoyado a la pared y yo te lo estaba chupando. Mira, déjame decirte que yo nunca me había esmerado tanto ah, porque normalmente no me tocan clientes guapos. Contigo era otra cosa, pues, realmente me gustaste.
- Mira, por favor, no quiero que me cuentes esto que yo ya sé de sobra.
- No, pero espérate pues, es que quiero explicarte, no quiero quedar mal. Entonces, cuando yo escuché que se abría la puerta y todo ese ruido que hacían tus patas, ¡pucha, me asusté pues!, entonces justo te estaba apretando con los labios porque ya parecía que ibas a terminar y cuando volteo para ver por qué tanto ruido, me doy cuenta que tengo el condón en la boca. Todos me miraron y se empezaron a cagar de risa, seguro por mi cara de susto y con un condón vacío en la boca, entonces veo que se ríen peor y más fuerte y volteo y te veo ahí derramando toda tu lechita en el piso.
- Y el huevón de Julio que había recibido su depa recién tres días antes con su piso de DD, me quería matar.
- Ay sí, pobrecito —La mujer no paraba de reír y llamar la atención de todos los clientes del supermercado— ¿Y qué se te dio por agarrar esa chalina que estaba en la esquina junto con todas las mochilas y casacas?
- Es que yo sabía que esa chalina se la había regalado el cura, director del colegio, por ser bien chancón, al huevas de Toño, y yo sabía también que eso de entrar a tomar la foto era idea suya. De alguien tenía que vengarme pues.
- Ay, Nico, Nico, ¿ya ves? Recordar es volver a vivir.
- Carajo, ya quisiera no recordar eso, y quisiera que toda esa sarta de patanes se olvide también, pero me queda de consuelo que no llegaron a tomar la foto y que le cagué la chalina a Toño limpiando el piso. —Ahora “Nico” sonríe con picardía, mira a la mujer y le dice que ya debería olvidar esa historia.
- Bueno, trataré, pero no te prometo nada. —Hace una pausa, abre su cartera y saca una tarjeta rosada— Llámame, a ver si terminamos lo que comenzamos ese día —.Le da un beso chiquito en los labios a Nico y se va—
- Belinda Samadoval, consultora de belleza —lee la tarjeta en voz baja, sonrié y se dice a sí mismo— de consultora nada, carajo, que bien encubierto tiene el negocio esta pendenciera —. Mira la tarjeta, hace una mueca y la guarda en su billetera.
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- Hola, Nico. Después de tiempo ¿Verdad?
- Perdone, señorita, creo que me confunde con alguien más.
- No, no lo creo, yo siempre recuerdo una cara, y otros detalles —dice la mujer con una sonrisa más que coqueta, el intervenido y desconcertado sujeto traga saliva y pone cara de pánico, la cual intenta disimular—.
- Aún creo que se equivoca, señorita. Yo no me acuerdo de usted, es más ni por asomo me parece familiar su rostro.
- Ay, Nico, por favor, no te molestes en disimular, veo que estás solo, o sea, no veo a nadie a tu lado, no tienes por qué fingir que no me conoces, a menos que tu esposa o novia ande por otro pasillo del supermercado.
- Mujer, por favor, baja la voz, no seas indiscreta —el tipo menea la cabeza y alza la mirada en un gesto de incredulidad— ¿Qué pasó con eso de máxima discreción?
- ¡Ajá!, sabía que eras tú, no podía estar equivocada, yo raras veces olvido a alguien, querido, y de ti me acuerdo especialmente.
- Te dije que bajaras la voz, por lo que más quieras, baja la voz.
- Ok baby, tranquilo.
- Ya, bueno, soy yo, Nico no es mi nombre pero sí, me acuerdo de ti. ¿Contenta? Ahora desaparece.
- No, no estoy contenta.
- Era una pregunta retórica. —Se da un palmazo en la frente y mira a su alrededor.
- Ay, Nico, o como te llames, qué graciosa fue esa noche, cuando se lo contamos a las demás chicas del B. no paramos de reír hasta el día siguiente. Eres toda una celebridad, ¡te cuento ah! Todas querían conocerte.
- Maldita noche, será para burlarse en mi cara, seguramente.
- No. ¿Cómo crees? —La ironía no podía ser disimulada, sobre todo en una lengua tan indiscreta—. Pero dime. ¿Llegaron a tomar la foto tus amigos? Por que si es así, y las quieren publicar en Internet tienes que pedirles que no se muestre mi cara, ah, ya sabes cómo son estas cosas, además creo que no es difícil con ese programa de la computadora, ¿cómo se llama? Fotoshó, creo. ¿No?
- Sí, eso, pero no te preocupes, no llegaron a tomar ninguna foto, estaban más ocupados en revolcarse de la risa. Malditos, ya me vengaré.
- Ay, por favor, no seas así, yo creo q sólo era una broma, querían tomarte la foto mientras tú y yo hacíamos cositas ricas —La mujer lanza una palmada fuerte en la espalda del ya demasiado avergonzado “Nico” a la vez que suelta una grosera carcajada—. Pero las cosas se dieron así pues, Nico.
- Ya cállate por Dios, todo el supermercado nos está mirando. —“Nico” hunde su cabeza entre sus hombros como si así pudiera ocultarse, se agacha y se da cuenta que lo poco que lleva en el carrito tampoco lo camufla.
- Siempre me acuerdo y siempre lo cuento a todos mis clientes. Ese depa era del que se iba a casar, ¿no? El pobre ni había comprado muebles, tengo que confesarte ahora que nunca lo había hecho en el suelo pelado, y por supuesto, nunca lo llegamos a hacer realmente, estabas sentado ahí en el suelo apoyado a la pared y yo te lo estaba chupando. Mira, déjame decirte que yo nunca me había esmerado tanto ah, porque normalmente no me tocan clientes guapos. Contigo era otra cosa, pues, realmente me gustaste.
- Mira, por favor, no quiero que me cuentes esto que yo ya sé de sobra.
- No, pero espérate pues, es que quiero explicarte, no quiero quedar mal. Entonces, cuando yo escuché que se abría la puerta y todo ese ruido que hacían tus patas, ¡pucha, me asusté pues!, entonces justo te estaba apretando con los labios porque ya parecía que ibas a terminar y cuando volteo para ver por qué tanto ruido, me doy cuenta que tengo el condón en la boca. Todos me miraron y se empezaron a cagar de risa, seguro por mi cara de susto y con un condón vacío en la boca, entonces veo que se ríen peor y más fuerte y volteo y te veo ahí derramando toda tu lechita en el piso.
- Y el huevón de Julio que había recibido su depa recién tres días antes con su piso de DD, me quería matar.
- Ay sí, pobrecito —La mujer no paraba de reír y llamar la atención de todos los clientes del supermercado— ¿Y qué se te dio por agarrar esa chalina que estaba en la esquina junto con todas las mochilas y casacas?
- Es que yo sabía que esa chalina se la había regalado el cura, director del colegio, por ser bien chancón, al huevas de Toño, y yo sabía también que eso de entrar a tomar la foto era idea suya. De alguien tenía que vengarme pues.
- Ay, Nico, Nico, ¿ya ves? Recordar es volver a vivir.
- Carajo, ya quisiera no recordar eso, y quisiera que toda esa sarta de patanes se olvide también, pero me queda de consuelo que no llegaron a tomar la foto y que le cagué la chalina a Toño limpiando el piso. —Ahora “Nico” sonríe con picardía, mira a la mujer y le dice que ya debería olvidar esa historia.
- Bueno, trataré, pero no te prometo nada. —Hace una pausa, abre su cartera y saca una tarjeta rosada— Llámame, a ver si terminamos lo que comenzamos ese día —.Le da un beso chiquito en los labios a Nico y se va—
- Belinda Samadoval, consultora de belleza —lee la tarjeta en voz baja, sonrié y se dice a sí mismo— de consultora nada, carajo, que bien encubierto tiene el negocio esta pendenciera —. Mira la tarjeta, hace una mueca y la guarda en su billetera.
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martes 24 de junio de 2008
( * ) El Destino de los Olvidables
Advertencia, la que sigue es una narración triste, oscura y no debe ser, bajo ninguna circunstancia, interpretada, o tomada como apología. Es simplemente el producto de mi imaginación.

“Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina”– suena el estribillo en mi cabeza, lo tarareo mentalmente, medito sobre el significado. ¡Cuánta razón tiene, carajo! De verdad, nada ni nadie puede escapar a un destino común, nada es eterno.
Los científicos dicen que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. He meditado al respecto, pues es inevitable tratar de unir las dos ponencias o, en todo caso, tratar de confrontarlas. Si una piedra es ahora piedra, y con el paso de los años, golpe tras golpe, en un continuo rodar y un continuo sometimiento a la erosión, luego se transforma en arena, sigue siendo la misma materia, pero como piedra ha dejado de existir, ya no sirve como tal, ya no puede ser cargada en el cuero de una resortera y servir como proyectil de caza, si alguna vez fue plana, ya no puedes tomarla y lanzarla para dar botes sobre la superficie de un lago. Ahora se te escurre entre los dedos, ora se te mete en los ojos con el soplar del viento.
Qué pasará con nuestros cuerpos cuando dejen de ser piedras rodantes. Cuando no seamos más que polvo dentro de un nicho. ¿Nos habremos acaso simplemente transformado? O nos hemos destruido y dejado de existir y nos escurrimos cual arena entre los dedos de las memorias de quienes tendrían que recordarnos.
El recuerdo es frágil, la memoria desvanece lo que no tiene presente en lo cotidiano, eso impulsó a muchos antiguos a hacer cosas increíblemente inmensas, grandes hazañas se hicieron simplemente en nombre de la inmortalidad, habían motivos que empujaban a las personas a querer ser inmortales, algunos lo lograron, Cervantes, Atila, Aquiles, Lennon, Mozzart, y tantos más. Otros se desvanecieron en el tiempo como si nunca hubieran existido, pasaron por este mundo como muchos otros ahora pasamos, sin pena, sin gloria, sin notoriedad, sin motivación, sin esperanza.
Somos los demás como fantasmas, somos como simples patas de un ciempiés, ayudamos a que algo se mueva en el mundo, pero el mundo puede moverse tranquilamente sin nosotros, los olvidables, los prescindibles, los que sobran.
Le quitamos aire útil a un mundo que podría respirar mejor si no usásemos su oxígeno para hacer funcionar maquinarias corporales inútiles y despreciables. Consumimos recursos que bien podrían dotar de mejores condiciones a existencias más notables.
Le robamos la oportunidad de ser felices a seres que merecen serlo, en nuestro inútil intento por seguir existiendo, por el simple instinto de supervivencia, nos convertimos en parásitos de nuestra propia especie.
Por eso caminé sobre aquella calzada sin cuidado, llegué hasta este lugar y ahora, contemplando el mar a lo lejos, sintiendo el viento en mis ojos que se llenan de lo que alguna vez fueron piedras, quizá hasta fueron montañas, me doy cuenta de la insignificancia de mi existir, me doy cuenta de que soy sólo un grano de arena que cuando me haya transformado, el viento llevará y me posará en los ojos de alguien más, aún en ese instante seguiré siendo una molestia, un fragmento de mierda del que sólo quiere uno deshacerse y que olvida pasados unos pocos instantes.
Me quede o me vaya, me mantenga o me transforme, exista o no, da lo mismo, contemplo el pavimento allá abajo, vuelvo a mirar el inmenso mar, otra vez el pavimento y me doy cuenta de que en ese instante, me habré convertido en una molestia más, alguien tendrá que limpiar ese desorden, ese amasijo de huesos rotos y de inmundicia desparramada. Si me quedo sobre el puente, tendré que volver sobre mis pasos y continuar siendo un parásito de la felicidad y de las oportunidades que otros, mejores que yo, podrían aprovechar.
Aquí, en caída libre iré, dejo esta nota para que, quien quiera seguirme, encuentre más motivos para ir detrás de mí. O para que pueda ser digno de tomar las oportunidades y arrancarlas de las manos de otros que inevitablemente habrán de seguirme.
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“Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina”– suena el estribillo en mi cabeza, lo tarareo mentalmente, medito sobre el significado. ¡Cuánta razón tiene, carajo! De verdad, nada ni nadie puede escapar a un destino común, nada es eterno.
Los científicos dicen que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. He meditado al respecto, pues es inevitable tratar de unir las dos ponencias o, en todo caso, tratar de confrontarlas. Si una piedra es ahora piedra, y con el paso de los años, golpe tras golpe, en un continuo rodar y un continuo sometimiento a la erosión, luego se transforma en arena, sigue siendo la misma materia, pero como piedra ha dejado de existir, ya no sirve como tal, ya no puede ser cargada en el cuero de una resortera y servir como proyectil de caza, si alguna vez fue plana, ya no puedes tomarla y lanzarla para dar botes sobre la superficie de un lago. Ahora se te escurre entre los dedos, ora se te mete en los ojos con el soplar del viento.
Qué pasará con nuestros cuerpos cuando dejen de ser piedras rodantes. Cuando no seamos más que polvo dentro de un nicho. ¿Nos habremos acaso simplemente transformado? O nos hemos destruido y dejado de existir y nos escurrimos cual arena entre los dedos de las memorias de quienes tendrían que recordarnos.
El recuerdo es frágil, la memoria desvanece lo que no tiene presente en lo cotidiano, eso impulsó a muchos antiguos a hacer cosas increíblemente inmensas, grandes hazañas se hicieron simplemente en nombre de la inmortalidad, habían motivos que empujaban a las personas a querer ser inmortales, algunos lo lograron, Cervantes, Atila, Aquiles, Lennon, Mozzart, y tantos más. Otros se desvanecieron en el tiempo como si nunca hubieran existido, pasaron por este mundo como muchos otros ahora pasamos, sin pena, sin gloria, sin notoriedad, sin motivación, sin esperanza.
Somos los demás como fantasmas, somos como simples patas de un ciempiés, ayudamos a que algo se mueva en el mundo, pero el mundo puede moverse tranquilamente sin nosotros, los olvidables, los prescindibles, los que sobran.
Le quitamos aire útil a un mundo que podría respirar mejor si no usásemos su oxígeno para hacer funcionar maquinarias corporales inútiles y despreciables. Consumimos recursos que bien podrían dotar de mejores condiciones a existencias más notables.
Le robamos la oportunidad de ser felices a seres que merecen serlo, en nuestro inútil intento por seguir existiendo, por el simple instinto de supervivencia, nos convertimos en parásitos de nuestra propia especie.
Por eso caminé sobre aquella calzada sin cuidado, llegué hasta este lugar y ahora, contemplando el mar a lo lejos, sintiendo el viento en mis ojos que se llenan de lo que alguna vez fueron piedras, quizá hasta fueron montañas, me doy cuenta de la insignificancia de mi existir, me doy cuenta de que soy sólo un grano de arena que cuando me haya transformado, el viento llevará y me posará en los ojos de alguien más, aún en ese instante seguiré siendo una molestia, un fragmento de mierda del que sólo quiere uno deshacerse y que olvida pasados unos pocos instantes.
Me quede o me vaya, me mantenga o me transforme, exista o no, da lo mismo, contemplo el pavimento allá abajo, vuelvo a mirar el inmenso mar, otra vez el pavimento y me doy cuenta de que en ese instante, me habré convertido en una molestia más, alguien tendrá que limpiar ese desorden, ese amasijo de huesos rotos y de inmundicia desparramada. Si me quedo sobre el puente, tendré que volver sobre mis pasos y continuar siendo un parásito de la felicidad y de las oportunidades que otros, mejores que yo, podrían aprovechar.
Aquí, en caída libre iré, dejo esta nota para que, quien quiera seguirme, encuentre más motivos para ir detrás de mí. O para que pueda ser digno de tomar las oportunidades y arrancarlas de las manos de otros que inevitablemente habrán de seguirme.
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viernes 2 de mayo de 2008
La poesía encadenada
Hola a todos. Sin salirme de la corriente literaria del blog, voy a atreverme a coquetear una vez más con la poesía, pero esta vez en una idea un tanto diferente. Quiero, esta vez, que sea algo digamos "Interactivo". Voy a dejar lo que podría ser el inicio de un verso, y cada quien puede ir completándolo posteando comentarios. Vamos a ver los distintos rumbos que toma el texto de acuerdo a cómo se conciben los previos en la cabeza de cada uno. Espero que les parezca interesante y ojalá se enganchen a la idea... corran la voz.

Ese agridulce recuerdo golpeaba a la puerta cerrada de sus reflexiones.
Recuerdo hondo como un abismo donde cae en las noches,
rozando caricias, besos y promesas que alguna vez fueron historia feliz
en un tiempo que ya no esta. (gracias Alneida)
Aquella fugaz historia que existió, experiencias consigo trajo,
tanto alegría como amargura
recaen sobre la efimera capa del recuerdo que eres hoy. (gracias Wantanboy)
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Ese agridulce recuerdo golpeaba a la puerta cerrada de sus reflexiones.
Recuerdo hondo como un abismo donde cae en las noches,
rozando caricias, besos y promesas que alguna vez fueron historia feliz
en un tiempo que ya no esta. (gracias Alneida)
Aquella fugaz historia que existió, experiencias consigo trajo,
tanto alegría como amargura
recaen sobre la efimera capa del recuerdo que eres hoy. (gracias Wantanboy)
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domingo 27 de abril de 2008
( * ) Días y Pasos
Después de una prolongada ausencia, ajena a mi voluntad, estoy de retorno en la blogósfera. Esta vez les traigo un cuento más corto de lo habitual. Estuve viendo el otro día una película llamada “My blueberry nights”, (cuidado, lo que sigue puede malograrte la película si planeas verla, aunque el cuento en sí, no delata nada de la película) Es una historia que empieza triste pero tiene final feliz. Me sorprendió ver a Norah Jones actuando, y no lo hace mal. El punto es que aun que la historia sea feliz, traté de enfocarme en la parte triste que la origina. ¿Qué se diría a sí misma la protagonista en los primeros minutos?
Dejo esta historia tipo monólogo mental a consideración, espero que les guste, igualmente, toda crítica es bienvenida.

Pasos rutinarios, son estos pasos que andas todos los días, cuando estos pasos de pronto los andas tomando decisiones, elaborando planes y proyectos para armar o desarmar, para construir o deshacer, entonces se convierten en pasos fuera de la rutina normal. Al día siguiente son éstos, pasos históricos, pasos para recordar.
Hay días como el que fue ayer, pero pocos como hoy, pues hay días en que uno toma decisiones drásticas y luego no pasan de ser ideas y proyectos echados al olvido, y siempre es por cobardía. Y luego vives arrepintiéndote de no haber hecho lo correcto en el momento indicado.
Hoy anduviste sobre los pasos históricos, aquellos rutinarios que se convirtieron en decisivos. Hoy, cada uno de esos pasos te duele, cada uno de esos pasos tiene una navaja filosa que se hunde en el alma como si ésta fuera de mantequilla. Quisieras desandar estos pasos, pero no puedes, no debes. Pues estos dolorosos pasos te llevaron a la verdad.
La verdad, dicen, libera. Y sientes que la verdad te purifica. Lo hace como el fuego de la hoguera que purifica a la víctima de una inquisición a quien se ha condenado sin cometer falta ni pecado. Fuego doloroso, fuego mortal, fuego que te despierta del sueño de una vida despreocupada, y por mucho que desees que sea más bien la entrada en una pesadilla de la cual puedes escapar con sólo abrir los ojos, no es así, al abrir los ojos la cruel realidad se te caga de risa en la cara y la verdad se asoma con esa macabra mueca.
Hay pasos y días como los de ayer, hay pasos y días como los de hoy, y hay condenados que deben andarlos una y otra vez. Penitencia implacable como lección de vida para no olvidar que nadie está libre del dolor y la desesperanza.
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Dejo esta historia tipo monólogo mental a consideración, espero que les guste, igualmente, toda crítica es bienvenida.

Diente roto, pie titubeante:
la confianza en el pérfido, el día de la angustia,
como quitar el vestido en día helado,
poner vinagre sobre el salitre,
es cantar canciones a un corazón triste.
Proverbios 25:19-20.
la confianza en el pérfido, el día de la angustia,
como quitar el vestido en día helado,
poner vinagre sobre el salitre,
es cantar canciones a un corazón triste.
Proverbios 25:19-20.
Pasos rutinarios, son estos pasos que andas todos los días, cuando estos pasos de pronto los andas tomando decisiones, elaborando planes y proyectos para armar o desarmar, para construir o deshacer, entonces se convierten en pasos fuera de la rutina normal. Al día siguiente son éstos, pasos históricos, pasos para recordar.
Hay días como el que fue ayer, pero pocos como hoy, pues hay días en que uno toma decisiones drásticas y luego no pasan de ser ideas y proyectos echados al olvido, y siempre es por cobardía. Y luego vives arrepintiéndote de no haber hecho lo correcto en el momento indicado.
Hoy anduviste sobre los pasos históricos, aquellos rutinarios que se convirtieron en decisivos. Hoy, cada uno de esos pasos te duele, cada uno de esos pasos tiene una navaja filosa que se hunde en el alma como si ésta fuera de mantequilla. Quisieras desandar estos pasos, pero no puedes, no debes. Pues estos dolorosos pasos te llevaron a la verdad.
La verdad, dicen, libera. Y sientes que la verdad te purifica. Lo hace como el fuego de la hoguera que purifica a la víctima de una inquisición a quien se ha condenado sin cometer falta ni pecado. Fuego doloroso, fuego mortal, fuego que te despierta del sueño de una vida despreocupada, y por mucho que desees que sea más bien la entrada en una pesadilla de la cual puedes escapar con sólo abrir los ojos, no es así, al abrir los ojos la cruel realidad se te caga de risa en la cara y la verdad se asoma con esa macabra mueca.
Hay pasos y días como los de ayer, hay pasos y días como los de hoy, y hay condenados que deben andarlos una y otra vez. Penitencia implacable como lección de vida para no olvidar que nadie está libre del dolor y la desesperanza.
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lunes 17 de marzo de 2008
( * ) Inmortalidad y Venganza
Ya que estoy en esto de la Fantasía Medieval, presento a ustedes algo de este estilo explorando una faceta diferente, esta vez la poética. Poesía oscura y de renacimiento y venganza, inspirada también en mi esposa.

Como alma de fénix renacida de las cenizas
Llegué a tu puerta temblando por el miedo y la timidez
Al verte a los ojos un fuerte rugido sacudió mi pecho cual ángel caído del cielo
Luego de cruenta batalla con los demonios de la oscuridad.
La furia de todos los titanes encadenados a las entrañas de la tierra
Son brisa cálida de verano comparado al poder de mi enojo
Cada vez que te veo alejarte e internarte en la oscuridad
Cada vez que otros ojos te miran, cual si te tocaran asquerosos tentáculos de infernales criaturas.
En el libro de las sombras escrito estaba desde el inicio
Que mi alma renacería al amanecer de los nuevos días
Tomaría vida con el sol y obtendría su poder de la noche
Criaturas nocturnas somos y hacia las estrellas volamos.
Me burlo de la muerte, escupo su pálida y podrida cara
Y me elevo de las brumas, porque la luz de tus ojos me hace inmortal
En mi primera muerte caí con el corazón dentro de mi puño furioso
Esperando tu venida que me diera las fuerzas para enfrentar el caos infernal.
—¡Soy inmortal! —Grité a los cuatro vientos y mi voz como rugido de dragón
Viajó a desde lo más claro de la luz hasta las profundidades del averno
Para que sepan vivos y muertos
Que la muerte sobre mí nunca triunfó.
Rompiste tus alas de mariposa y las quemamos en las grietas del destino
De las cenizas renacieron
Dos pares de alas de dragón, poderosas, hermosas y centellantes
Con ellas volaremos siempre tú y yo hasta el reino de los inmortales.
De nuestros pozos beberemos
Ambrosía y aguamiel
Para celebrar nuestro triunfo
Y conminar al infierno a nuestros enemigos.
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Como alma de fénix renacida de las cenizas
Llegué a tu puerta temblando por el miedo y la timidez
Al verte a los ojos un fuerte rugido sacudió mi pecho cual ángel caído del cielo
Luego de cruenta batalla con los demonios de la oscuridad.
La furia de todos los titanes encadenados a las entrañas de la tierra
Son brisa cálida de verano comparado al poder de mi enojo
Cada vez que te veo alejarte e internarte en la oscuridad
Cada vez que otros ojos te miran, cual si te tocaran asquerosos tentáculos de infernales criaturas.
En el libro de las sombras escrito estaba desde el inicio
Que mi alma renacería al amanecer de los nuevos días
Tomaría vida con el sol y obtendría su poder de la noche
Criaturas nocturnas somos y hacia las estrellas volamos.
Me burlo de la muerte, escupo su pálida y podrida cara
Y me elevo de las brumas, porque la luz de tus ojos me hace inmortal
En mi primera muerte caí con el corazón dentro de mi puño furioso
Esperando tu venida que me diera las fuerzas para enfrentar el caos infernal.
—¡Soy inmortal! —Grité a los cuatro vientos y mi voz como rugido de dragón
Viajó a desde lo más claro de la luz hasta las profundidades del averno
Para que sepan vivos y muertos
Que la muerte sobre mí nunca triunfó.
Rompiste tus alas de mariposa y las quemamos en las grietas del destino
De las cenizas renacieron
Dos pares de alas de dragón, poderosas, hermosas y centellantes
Con ellas volaremos siempre tú y yo hasta el reino de los inmortales.
De nuestros pozos beberemos
Ambrosía y aguamiel
Para celebrar nuestro triunfo
Y conminar al infierno a nuestros enemigos.
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jueves 13 de marzo de 2008
( * ) La última batalla
Esta es una historia que escribí hace mucho tiempo al conocer a mi esposa, me sentí inspirado y estaba influenciado por las aventuras épicas que libraba con los amigos jugando rol. Ahora, saco a la luz esta historia para reafirmar la inmortalidad del amor. Te amo Fabricia.

Veo el cielo cubierto de plateadas nubes hechas girones al amanecer, a lo lejos veo volver al explorador que envié para observar al ejército enemigo, no soy hombre de creer en rumores, pero una corazonada me impulsó a pensar que podría ser cierto lo que dijo esa extraña mujer. Lo veo aproximarse, no parece cabalgar erguido, sacudo la cabeza desechando las malas sospechas pero sus sangrantes vestiduras me dan la contraria— ¡Ha sido herido a traición! —. Puedo ver la flecha de penacho negro en la parte baja de su espalda al momento que se desploma de su caballo, me apeo del mío y llego hacia él junto con mi primer oficial; apoyo mi rodilla en la arena húmeda, mi fiel soldado, con el rostro entumecido por el viento frío y por la sangre perdida, me estremezco, puedo sentir ese frio mortal en mis propias venas, la brisa del mar nos trae ese olor a sal, sal que se verterá sobre nuestras heridas para que queden marcadas por la eternidad, para no olvidar.
—Mi señor, estamos perdidos, nada hay por hacer, son muchos más que nosotros, he sido visto por sus exploradores de avanzada y me han herido de muerte, regresemos a casa, estamos perdidos, he ofrendado mi vida por el reino, no entregues por favor la tuya también, he sido hombre solitario, y nadie habrá de llorarme, tú, en cambio, el pueblo entero depende de ti, eres la guía, sus vidas dependen de tu … —No pudo continuar, tosió y una burbuja de sangre brotó de su boca.
—No hables muchacho —Interrumpí—, no ha llegado tu hora.
—Mi vista está nublada, mi señor —logró interpelar con dificultad—. Sus vidas dependen de tu supervivencia, no arriesgues lo que tus ancestros… —tosió una vez más, y luego otra vez, la arena recibió su sangre, mis manos recibieron su cuerpo inerte, y el cielo su alma sacrificada.
Los valientes hombres que me acompañan están cansados del viaje, poco acostumbrados a la humedad de este clima de costa que los ahoga, llevan en sus rostros la determinación de la bravura amargamente mezclada con el cansancio y la añoranza de la tierra seca.
Mi primer oficial, se aproxima, pone rodilla a tierra y con la mirada sombría dice con voz cansada pero decidida —Mi señor, seremos fieles hasta la muerte, lucharemos a tu lado, bajo el emblema del Dragón Centellante, mejor morir de pie que vivir de rodillas —. Baja la cabeza, observa al explorador que yace sobre la playa, cierra los ojos, aspira profundamente como tomando fuerzas y agrega—. El pobre Giwjan estaba cansado, habló por las heridas, la falta de sangre le nubló los sentidos, no me lo imagino intentando no ser valiente o intentando hacer un llamado absurdo a la retirada, hemos venido hasta estas costas a evitar el avance del enemigo —hizo una pausa, tragó saliva y añadió con la voz seca —. O a morir en el intento.
En mi mente está tu imagen, la primera imagen que tuve de ti, la primera impresión, la primera vez que vi un ángel bajado del cielo, aquel día que entré en la posada, sediento y con hambre, después de una larga campaña, volví a casa, volví a mis tierras, y te encontré, como se encuentra un tesoro largamente buscado, como se encuentra un camino cuando se ha vagado sobre dunas de sal, como se encuentra la luz en las tinieblas, como un ave que por fin encuentra la rama ideal del árbol perfecto para su nido. Ahí estabas tú, bella, hermosa, radiante, Vanimaiel pronunciaron mis labios sin saber porqué utilizando un lenguaje antiguo y perdido en las arenas del tiempo, tu rojiza cabellera sujeta con delicados lazos de cuero, tu vestido amplio de otoñales colores, estrellas y lunas adornando tu cintura, y la más bella sonrisa jamás vista en todo el reino, y quizás en ningún otro reino sobre la tierra. Me era imposible dejar de mirarte, eres un hechizo hecho mujer, inevitable enamorarse de ti, difícil escapar al abismo de tu mirada, no se puede cerrar los ojos ante el enceguecedor fulgor de tu rostro. Escogí un asiento, te acercaste a mí y nuestras miradas se cruzaron, se unieron, establecimos un lazo, observaste la fresca cicatriz en mi frente, y me ofreciste comida y bebida, y yo, que aún no salía del asombro, solamente atiné a asentir con la cabeza. Yo que había enfrentado a poderosos enemigos, grandes guerreros, terribles hordas de bárbaros, nunca me había sentido tan vulnerable como aquel día frente a tu mirada.
Ahora siento miedo, no miedo a la muerte, no al enemigo, mas es el miedo a no volver a verte, miedo a no contemplar nuevamente tu rostro que sería como no volver a ver el cielo. Entonces un juramento germina en mi pecho: traspasaré las barreras de la muerte, franquearé los muros del infierno y volveré a ti, volveré a la calidez de tus abrazos y a la ternura de nuestros hijos, juro por ellos dos, y por el que está en camino, y por el amor que te tengo que volveré, porque el día que de ti me enamoré y logré que me amaras, supe que sería inmortal.
Levanto la rodilla de la arena, miro con firmeza a mi primer oficial, doy una asentimiento que me imagino debe ser sombrío así que intento sonreír, junto con ese atisbo de sonrisa le digo que ah llegado la hora.
—Hermanos míos —Alzo la voz y me aseguro de que todos me oigan, al tiempo que voy avanzando hacia mi caballo— hemos llegado hasta aquí a proteger lo que es nuestro por derecho, a proteger el legado ancestral y a proteger a quienes nos dan la razón para vivir. Quiero que miren al hombre que tiene cada uno a su lado, vean en sus ojos —hago una brevísima pausa para montar—. Verán en esos ojos, la mirada de un hombre que está dispùesto a morir, que entregará el aliento y que recorrerá este sendero de muerte junto con ustedes, verán en esa mirada, la mirada de sus hijos, la mirada de sus esposas, la de su Rey —.Desenfundo la espada y su reluciente hoja brilla como tocada por algún hechizo al reflejar los primeros rayos del sol, la elevo y añado —: Dragones, la inmortalidad es nuestra pero hay que ganárnosla, y esta playa no la habrá de entregar —. A mi grito de batalla responden mis tropas con un rugido animal propio de su estirpe, somos mucho menos numéricamente que el enemigo invasor que ha desembarcado cerca de esta playa, pero confío que el ánimo infundido nos haga parecer más.
Algo a retrasado al Duque y su ejército del norte, con quienes se supone debíamos encontrarnos en este lugar, pero tenemos que hacer frente, detener su avanzada, no podemos dejar que lleguen a las ciudades, el enemigo no esperará y no tendrá piedad.
—¡Larga vida al rey! —se oye el grito animado de mi primer oficial cuando caigo en la cuenta de que el enemigo está próximo
—¡Por Ilfirin! —rugen las tropas.
Espoleo mi caballo, señalo al enemigo con la espada y los cuatrocientos hombres a mi mando, inician una carrera mortal. Se inicia la cruenta y sangrienta carnicería, muchos caen, mi espada ha batido a muchos de ellos, de pronto una flecha de oscuro penacho alcanza su objetivo, atraviesa mi armadura y el amargo veneno se mezcla con mi sangre, caigo de mi caballo y se nublan mis ojos, me aferro a tu pañuelo que tengo atado en mi guantelete, grito tu nombre y escucho el cuerno que anuncia la llegada de las tropas del Duque. Pero ya es muy tarde para mí, la oscuridad cubre mis ojos y entrego el alma.
** -- **
Muchas generaciones han pisado aquella playa de ese país lejano del cual solamente tengo vagos recuerdos que vienen a mí en mis pesadillas, han pasado siglos desde aquel distante día, he cruzado, como lo prometí, los límites de la muerte, en busca de tu amor sincero, puro y verdadero. Te volví a encontrar, en circunstancias más felices que el pie de guerra que nos atormentaba en aquellos días de incertidumbre, pero no por ello, circunstancias diferentes, tú ahí, derramando carisma, hechizando con tu sonrisa, cautivando con tu mirada, contemplaste la fresca cicatriz que llevaba, pero esta vez no en la frente, sino en el corazón, me sentí otra vez vulnerable, y supe que te había encontrado, eras tú inya lisse Vanimaiel, y tú, que no habías escuchado mi juramento, te negabas a creer, tenías tus dudas y me pediste una prueba, te enseñé la imagen que llevo bajo mi piel, fiel reflejo de la imagen que siempre llevé en mi corazón para poder reconocerte cuando te viera. Me había tatuado un ángel con tu rostro sin haberte encontrado en esta vida. Yo no pedí pruebas, sabía que eras tú y aunque no las pedí, me las diste, me ayudaste a descubrir los antiguos versos que habíamos creado para nuestras nupcias, conocías los versos tan bien como yo, juntos volvimos a escribir y recitar el Cantar de los Inmortales.
Hoy soy feliz, plenamente, completamente, sin embargo hay algo aún que nos falta traer a nuestro reino, los suaves pasitos de pequeños pies descalzos que nos buscan tiernamente, las pequeñas manos que se sujetan de las nuestras para no caer en sus primeros días, el dulce trino de sus risas resonando por toda nuestra casa. Pero muy pronto Vanimaiel, muy pronto estarán nuevamente con nosotros y esta vez no nos separaremos, y aunque la muerte nos lo quiera impedir, le diremos que somos inmortales.
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Veo el cielo cubierto de plateadas nubes hechas girones al amanecer, a lo lejos veo volver al explorador que envié para observar al ejército enemigo, no soy hombre de creer en rumores, pero una corazonada me impulsó a pensar que podría ser cierto lo que dijo esa extraña mujer. Lo veo aproximarse, no parece cabalgar erguido, sacudo la cabeza desechando las malas sospechas pero sus sangrantes vestiduras me dan la contraria— ¡Ha sido herido a traición! —. Puedo ver la flecha de penacho negro en la parte baja de su espalda al momento que se desploma de su caballo, me apeo del mío y llego hacia él junto con mi primer oficial; apoyo mi rodilla en la arena húmeda, mi fiel soldado, con el rostro entumecido por el viento frío y por la sangre perdida, me estremezco, puedo sentir ese frio mortal en mis propias venas, la brisa del mar nos trae ese olor a sal, sal que se verterá sobre nuestras heridas para que queden marcadas por la eternidad, para no olvidar.
—Mi señor, estamos perdidos, nada hay por hacer, son muchos más que nosotros, he sido visto por sus exploradores de avanzada y me han herido de muerte, regresemos a casa, estamos perdidos, he ofrendado mi vida por el reino, no entregues por favor la tuya también, he sido hombre solitario, y nadie habrá de llorarme, tú, en cambio, el pueblo entero depende de ti, eres la guía, sus vidas dependen de tu … —No pudo continuar, tosió y una burbuja de sangre brotó de su boca.
—No hables muchacho —Interrumpí—, no ha llegado tu hora.
—Mi vista está nublada, mi señor —logró interpelar con dificultad—. Sus vidas dependen de tu supervivencia, no arriesgues lo que tus ancestros… —tosió una vez más, y luego otra vez, la arena recibió su sangre, mis manos recibieron su cuerpo inerte, y el cielo su alma sacrificada.
Los valientes hombres que me acompañan están cansados del viaje, poco acostumbrados a la humedad de este clima de costa que los ahoga, llevan en sus rostros la determinación de la bravura amargamente mezclada con el cansancio y la añoranza de la tierra seca.
Mi primer oficial, se aproxima, pone rodilla a tierra y con la mirada sombría dice con voz cansada pero decidida —Mi señor, seremos fieles hasta la muerte, lucharemos a tu lado, bajo el emblema del Dragón Centellante, mejor morir de pie que vivir de rodillas —. Baja la cabeza, observa al explorador que yace sobre la playa, cierra los ojos, aspira profundamente como tomando fuerzas y agrega—. El pobre Giwjan estaba cansado, habló por las heridas, la falta de sangre le nubló los sentidos, no me lo imagino intentando no ser valiente o intentando hacer un llamado absurdo a la retirada, hemos venido hasta estas costas a evitar el avance del enemigo —hizo una pausa, tragó saliva y añadió con la voz seca —. O a morir en el intento.
En mi mente está tu imagen, la primera imagen que tuve de ti, la primera impresión, la primera vez que vi un ángel bajado del cielo, aquel día que entré en la posada, sediento y con hambre, después de una larga campaña, volví a casa, volví a mis tierras, y te encontré, como se encuentra un tesoro largamente buscado, como se encuentra un camino cuando se ha vagado sobre dunas de sal, como se encuentra la luz en las tinieblas, como un ave que por fin encuentra la rama ideal del árbol perfecto para su nido. Ahí estabas tú, bella, hermosa, radiante, Vanimaiel pronunciaron mis labios sin saber porqué utilizando un lenguaje antiguo y perdido en las arenas del tiempo, tu rojiza cabellera sujeta con delicados lazos de cuero, tu vestido amplio de otoñales colores, estrellas y lunas adornando tu cintura, y la más bella sonrisa jamás vista en todo el reino, y quizás en ningún otro reino sobre la tierra. Me era imposible dejar de mirarte, eres un hechizo hecho mujer, inevitable enamorarse de ti, difícil escapar al abismo de tu mirada, no se puede cerrar los ojos ante el enceguecedor fulgor de tu rostro. Escogí un asiento, te acercaste a mí y nuestras miradas se cruzaron, se unieron, establecimos un lazo, observaste la fresca cicatriz en mi frente, y me ofreciste comida y bebida, y yo, que aún no salía del asombro, solamente atiné a asentir con la cabeza. Yo que había enfrentado a poderosos enemigos, grandes guerreros, terribles hordas de bárbaros, nunca me había sentido tan vulnerable como aquel día frente a tu mirada.
Ahora siento miedo, no miedo a la muerte, no al enemigo, mas es el miedo a no volver a verte, miedo a no contemplar nuevamente tu rostro que sería como no volver a ver el cielo. Entonces un juramento germina en mi pecho: traspasaré las barreras de la muerte, franquearé los muros del infierno y volveré a ti, volveré a la calidez de tus abrazos y a la ternura de nuestros hijos, juro por ellos dos, y por el que está en camino, y por el amor que te tengo que volveré, porque el día que de ti me enamoré y logré que me amaras, supe que sería inmortal.
Levanto la rodilla de la arena, miro con firmeza a mi primer oficial, doy una asentimiento que me imagino debe ser sombrío así que intento sonreír, junto con ese atisbo de sonrisa le digo que ah llegado la hora.
—Hermanos míos —Alzo la voz y me aseguro de que todos me oigan, al tiempo que voy avanzando hacia mi caballo— hemos llegado hasta aquí a proteger lo que es nuestro por derecho, a proteger el legado ancestral y a proteger a quienes nos dan la razón para vivir. Quiero que miren al hombre que tiene cada uno a su lado, vean en sus ojos —hago una brevísima pausa para montar—. Verán en esos ojos, la mirada de un hombre que está dispùesto a morir, que entregará el aliento y que recorrerá este sendero de muerte junto con ustedes, verán en esa mirada, la mirada de sus hijos, la mirada de sus esposas, la de su Rey —.Desenfundo la espada y su reluciente hoja brilla como tocada por algún hechizo al reflejar los primeros rayos del sol, la elevo y añado —: Dragones, la inmortalidad es nuestra pero hay que ganárnosla, y esta playa no la habrá de entregar —. A mi grito de batalla responden mis tropas con un rugido animal propio de su estirpe, somos mucho menos numéricamente que el enemigo invasor que ha desembarcado cerca de esta playa, pero confío que el ánimo infundido nos haga parecer más.
Algo a retrasado al Duque y su ejército del norte, con quienes se supone debíamos encontrarnos en este lugar, pero tenemos que hacer frente, detener su avanzada, no podemos dejar que lleguen a las ciudades, el enemigo no esperará y no tendrá piedad.
—¡Larga vida al rey! —se oye el grito animado de mi primer oficial cuando caigo en la cuenta de que el enemigo está próximo
—¡Por Ilfirin! —rugen las tropas.
Espoleo mi caballo, señalo al enemigo con la espada y los cuatrocientos hombres a mi mando, inician una carrera mortal. Se inicia la cruenta y sangrienta carnicería, muchos caen, mi espada ha batido a muchos de ellos, de pronto una flecha de oscuro penacho alcanza su objetivo, atraviesa mi armadura y el amargo veneno se mezcla con mi sangre, caigo de mi caballo y se nublan mis ojos, me aferro a tu pañuelo que tengo atado en mi guantelete, grito tu nombre y escucho el cuerno que anuncia la llegada de las tropas del Duque. Pero ya es muy tarde para mí, la oscuridad cubre mis ojos y entrego el alma.
** -- **
Muchas generaciones han pisado aquella playa de ese país lejano del cual solamente tengo vagos recuerdos que vienen a mí en mis pesadillas, han pasado siglos desde aquel distante día, he cruzado, como lo prometí, los límites de la muerte, en busca de tu amor sincero, puro y verdadero. Te volví a encontrar, en circunstancias más felices que el pie de guerra que nos atormentaba en aquellos días de incertidumbre, pero no por ello, circunstancias diferentes, tú ahí, derramando carisma, hechizando con tu sonrisa, cautivando con tu mirada, contemplaste la fresca cicatriz que llevaba, pero esta vez no en la frente, sino en el corazón, me sentí otra vez vulnerable, y supe que te había encontrado, eras tú inya lisse Vanimaiel, y tú, que no habías escuchado mi juramento, te negabas a creer, tenías tus dudas y me pediste una prueba, te enseñé la imagen que llevo bajo mi piel, fiel reflejo de la imagen que siempre llevé en mi corazón para poder reconocerte cuando te viera. Me había tatuado un ángel con tu rostro sin haberte encontrado en esta vida. Yo no pedí pruebas, sabía que eras tú y aunque no las pedí, me las diste, me ayudaste a descubrir los antiguos versos que habíamos creado para nuestras nupcias, conocías los versos tan bien como yo, juntos volvimos a escribir y recitar el Cantar de los Inmortales.
Hoy soy feliz, plenamente, completamente, sin embargo hay algo aún que nos falta traer a nuestro reino, los suaves pasitos de pequeños pies descalzos que nos buscan tiernamente, las pequeñas manos que se sujetan de las nuestras para no caer en sus primeros días, el dulce trino de sus risas resonando por toda nuestra casa. Pero muy pronto Vanimaiel, muy pronto estarán nuevamente con nosotros y esta vez no nos separaremos, y aunque la muerte nos lo quiera impedir, le diremos que somos inmortales.
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